Versos de ciudad malbaratada.
Lo vi venir como una aparición en
el vapor de esa coladera.
Seguro hoy dormirás bajo las
estrellas.
Sin darte cuenta de lo maravillosas
que son.
Entender la miseria y hacerla una
sola con la belleza es cada día más complicado.
Vas a ser un vagabundo por
convicción.
O por falta de coraje.
Hay que tener mucho miedo, mucha
ira para dejarse todo.
A menos que puedas mirarme a los
ojos y me digas lo contrario.
No puedo sentarme a ver como has
despojado al suelo de su significado.
Y los sonidos de la selva nos
recuerdan nuestro origen primitivo.
Tienes miedo, es inevitable la sensación de que algo se introduce hasta el oído.
Vamos a ser desterrados, unos antes
que los otros.
Aquellos por la fuerza y otros
porque es lo único que conocemos.
Le pondrás precio a este metro
cuadrado donde te sientas a ver los autos pasar.
A respirar el humo
del escape y esperar.
La instalación eléctrica se funde en la corteza con colores azules y violáceos. La distancia artificial surge del desvío de su fin primario.
Pero en medio de la jungla, apoyado en su tronco, haz logrado alcanzar
la cima más alta, su raíz te ha hecho tropezar y sus espinas te han marcado la
espalda.
Parpadeo de ciudad en las orillas.
De noche, ríos de asfalto, peces de
luz, frenéticos.
Los neumáticos que traen imágenes
de frontera sur y exiliados.
De día, un acantilado: torre de vigía que presagia, sobre el mar, la venida de una calamidad.