domingo, 19 de julio de 2026

Odiseo

Todo es susceptible de ser señal y, más aún, de ser delirio.

Tengo tres noches no consecutivas sin dormir. Pero la cuenta no es aleatoria, esa comienza y termina en ti.

Tres bocados de panque de plátano sin pasas, - por cierto, tremandamente mediocre - me ponen a pensar en el tiempo. Me senté en esta cafetería, ajena y muy mía, con un irlandés, el libro que me recomendaste y el susodicho panqué.

De vuelta, - sabes a donde - con la mirada perdida que me encuentra desprevenida con el arreglo de libreros infinitos; ayer: las promesas de amor, el desprecio y los silencios; ahora: se antojan pequeños. El olor, a tinta, a deseo. Se convirtieron en un recuerdo insignificante bajo cincuenta libros y un panfleto.

Está envuelto en ese papel celofán delgadito, sellado con calor - sí, sí, el libro - voy a leer tu libro, que luego se volverá mío pero eso no lo voy a saber hasta el próximo domingo.  

¿Será esto la intimidad que buscabas en la oscuridad? ¿O escucharte dormir hasta el amanecer, con mi corazón latiendo en tu aliento? El sonido del motor que no me deja escuchar tu voz, apretarme contra tu cuerpo. Estás sentado en el recibidor, 30 minutos, diez veces seis, te observo, eres tan bello.

¿Me das permiso de escribirte un párrafo esta noche?

Vas a sospechar, intuir, pensar, concluir, que algo más pasa aquí - improbable -. Pero eso no es nuevo, si no te idealizo, te pierdo.
Nos voy a tejer una historia muy linda, con este apabullante deseo de sentir, te lo prometo.
Por favor, no repares mucho en mis excesos. Conóceme, soy tan transparente que me da miedo.

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