No quiero
salir corriendo hacia ninguna parte.
Deseo conservar tu recuerdo intacto. Para
eso, necesito tiempo.
Tiempo a solas, para pensar en él, para afinarlo, para
limpiarlo de asperezas, de angustias, de miedos y dolores que no le sirven de
nada; para pulirlo delicadamente, un poco cada día.
He de ser sincera, habrá días que no le dedique un minuto de mi tiempo: esos días extraños, confusos, donde hay certezas de espejismos y de promesas imposibles.
Pero al fin comprenderé, y entonces, a fuerza de
repeticiones, afinaré la técnica, reuniré todos los detalles, los pondré en orden; habré de asignarles su dimensión, su peso, su importancia. Quiero ser muy precisa, quiero ser fiel a la verdad: la tuya y la mía.
Voy a guardarlo muy cerca de donde se pone lo más querido, para que al final,
cuando lo deposite en su última morada, donde suelen guardarse las cosas más preciadas, sea sencillo acomodarlo, como una piedra
preciosa en su estuche, pequeño, brillante, atesorarlo.
Que su simple contemplación me de fuerza, para seguir, para no quedarme.