El
mundo, tú mundo, está escrito por dos o tres casualidades.
Dale
la vuelta a la estela
la
pondremos a la entrada de la casa
como
un totem sagrado al que haremos reverencia.
No
sé que veredicto dar a esa práctica sacrílega
lo
único que resultó de eso fuimos tú y yo.
No
es un sacrificio humano, pero he visto el
humo
proveniente de la chimenea.
Si
me arrodillo hoy, frente a tu puerta
¿Me
romperías los dientes con tus zapatos,
los
mismos que un día pisaron mi suelo sagrado?
Quiero
que te pienses bien esa respuesta
con
las entrañas frías y la consciencia sobre la mesa.
Dame
un pretexto para marcharme
para
no mirar el vacío profundo
para
no ver tu reflejo, ahí, donde no hay nada.
Ahí,
donde no eres nada.
Ahí,
donde te pusieron todos.

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