lunes, 22 de abril de 2013

                                                                          En el espacio finito,
algo habrá de encontrarse.
El mundo, tú mundo, está escrito por dos o tres casualidades.
Dale la vuelta a la estela
la pondremos a la entrada de la casa
como un totem sagrado al que haremos reverencia.





No sé que veredicto dar a esa práctica sacrílega
lo único que resultó de eso fuimos tú y yo.
No es un sacrificio humano, pero he visto el
humo proveniente de la chimenea.

Si me arrodillo hoy, frente a tu puerta
¿Me romperías los dientes con tus zapatos,
los mismos que un día pisaron mi suelo sagrado?
Quiero que te pienses bien esa respuesta
con las entrañas frías  y la consciencia sobre la mesa.

Dame un pretexto para marcharme
para no mirar el vacío profundo
para no ver tu reflejo, ahí, donde no hay nada.
Ahí, donde no eres nada.
Ahí, donde te pusieron todos.



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