miércoles, 15 de enero de 2014

De muchas (o de todas las) maneras, siento como crece dentro el hueco.
De días con sol a medias tintas, de tardes con recuerdos de olor a mar, de noches de oficina y luz artificial.

Ya no sé estar sin mirarte, sin recorrer las extensiones inacabables, inacabadas del amor por el progreso. Sé que para muchos significas más que el deseo de amanecer en la cabina de autobuses viejos.

Y te cuento, te digo cuánto te he extrañado en tus horas interminables de infinito compañero. 
Porque me has dejado mirarte y recorrer cada espacio, sin reparar jamás en el hecho de que, algunas veces, no me he quedado mucho tiempo. 


De que he caído dormida a la sombra  de tus historias, en tus detalles más preciosos, bajo los rayos más intensos de mediodía y la brisa cálida de la tarde. Sin rencor y sin reproches, me has sorprendido aún con los paisajes más hermosos, con las escenas más inesperadas justo cuando he abierto los ojos.




Te espero, con las ansias de la primera vez, con la misma pasión por lo incierto. Con tus casitas y tus cerros. Voy a dormir y mientras te sueño, te espero.





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