De muchas (o
de todas las) maneras, siento como crece dentro el hueco.
De días con
sol a medias tintas, de tardes con recuerdos de olor a mar, de noches de
oficina y luz artificial.
Ya no sé estar sin mirarte, sin recorrer las extensiones inacabables, inacabadas del
amor por el progreso. Sé que para
muchos significas más que el deseo de amanecer en la cabina de autobuses
viejos.
Y te
cuento, te digo cuánto te he extrañado en tus horas interminables de infinito
compañero.
Porque me has dejado mirarte y recorrer cada espacio, sin reparar
jamás en el hecho de que, algunas veces, no me he quedado mucho tiempo.
De que he
caído dormida a la sombra de tus historias, en tus detalles más preciosos, bajo los rayos más intensos de mediodía y la brisa cálida de la tarde. Sin
rencor y sin reproches, me has sorprendido aún con los paisajes más hermosos, con
las escenas más inesperadas justo cuando he abierto los ojos.



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